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domingo, 22 de mayo de 2011

LA ULTIMA DE LOLE Y LA ULTIMA DE UN ARGENTINO


CRÉDITOS: CARBURANDO
www.carburando.com


Por Marcelo Mercado


En una carrera absolutamente irregular, donde sobraron los accidentes poniéndose en juego la vida de pilotos y mecánicos, se agrandaba la figura de Carlos Alberto Reutemann apareciendo en el mejor momento de su carrera deportiva.

Lole en aquel 17 de mayo de 1981 en el autódromo de Zolder, Bélgica, lograba la Pole position, el record de vuelta, ganaba las pruebas con tanques llenos, la carrera y se quedaba con la punta en el campeonato.

Las primeras 20 vueltas fueron espectaculares, pero Pironi, Piquet y Jones, que comandaban las acciones, se fueron eliminando con roces y errores por lo que el argentino ganaba merecidamente por segunda vez en la temporada y logrando, lo que sería, su última victoria en la Fórmula 1, también la última de un piloto argentino en la máxima categoría del automovilismo mundial.

Aparentaba ser un trámite tranquilo aquel de Bélgica pero lamentablemente no fue así y cuando después de un largo fin de semana de incidentes y confusiones, se dió por fin la luz verde para el GP, la situación se transformó en un drama porque un mecánico que estaba aún detrás del auto de Patrese, fue violentamente atropellado por el auto de su co mpañero de equipo Siegfried Stohr provocando así un segundo accidente grave en dos días, obligando a la suspensión de la carrera, que tuvo que largarse de vuelta más tarde y haciendo planear sobre todo el ámbito de la Fórmula 1 una sensación de amargura y hartazgo perfectamente simbolizada por la cara de Carlos Reutemann en el podio.

Y no era para menos involuntariamente Reutemann en la jornada previa había atropellado a un mecánico de Osella en la calle de boxes con la rueda trasera de su Williams, dejándolo en estado crítico por lo que falleció días después.
Es por todo esto que el piloto santafecino en el podio y después de semejante triunfo parecía ausente y únicamente preocupado en olvidar lo antes posible esta situación.
Preocupado por las discusiones internas, por el uso de las suspensiones hidroneumáticas, y luego por el involuntario accidente en la calle de boxes el viernes, Reutemann estaba el domingo en un estado de tensión fácilmente perceptible antes de la largada.

La manifestación silenciosa de mecánicos y algunos pilotos antes de la largada (en solidaridad con el mecánico de Osella herido en el accidente con Reutemann) y el posterior desastre en la largada de la carrera en sí, terminaron de colmar el vaso y ahogaron toda alegría en un Reutemann que sólo fue al podio para cumplir, pero que no accedió ni al saludo ni a los honores habituales de la ceremonia, en la cual ciertos organizadores desubicados pretendían de todos modos que todo se desarrollara como si nada hubiese pasado en el nefasto fin de semana belga.
Problemas aparte, aquel Gran Premio de Bélgica de 1981 tuvo un vencedor deportivo total que fue Carlos Reutemann, dueño en todo momento del fin de semana.
Como para cerrar el caos de la jornada apareció la lluvia y allí la dirección de la prueba decidió de inmediato terminar la carrera decretando la victoria del argentino, que de esta manera enhebraba un podio más para aumentar ese extraordinario record de estar entre los seis primeros durante casi una temporada.
Record que fue quebrado unos cuantos años más tarde por el impresionante Michael Schumacher.

Pasaron tres décadas de uno de los mejores fin de semana de F1 de Lole, que se iba primero y cómodo líder del campeonato, sin embargo como habitualmente le pasaba no lo pudo disfrutar, ni aquel triunfo ni la obtención del campeonato del 81 que hubiese merecido largamente.

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